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martes, 26 de julio de 2011

“Él sana a los quebrantados de corazón” Pastor Javier Bertucci

Este domingo en horas de la mañana el Pastor Javier Bertucci impartió al pueblo una palabra de exhortación respecto a dejar que Jesús sane sus corazones de toda amargura, a no guardar rencores, y convertirnos así, en el prójimo de quienes nos necesiten.

Salmo 147: 2-4: “Jehová edifica a Jerusalén; a los desterrados de Israel recogerá. Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas. Él cuenta el número de las estrellas; a todas ellas llama por sus nombres.”

Dios dio a su Hijo por nosotros, dio todo lo mejor que tenía por nosotros; Él está interesado en que tengamos un absoluto desarrollo en Él. Su bendición es integral. “La gente recibe de Dios como percibe a Dios”; si la percepción que tienes de Él es que es un “ogro” (monstruoso, cruel y feroz) así vas a recibir, pero si percibes que “para siempre es su misericordia”, eso recibirá.

Isaías 49:8: “Así dijo Jehová: en tiempo aceptable te oí, y en el día de salvación te ayudé; y te guardaré, y te daré por pacto al pueblo, para que restaures la tierra, para que heredes asoladas heredades; para que digas a los presos: salid; y a los que están en tinieblas: mostraos. En los caminos serán apacentados, y en todas las alturas tendrán sus pastos.”

Dios nos oye, nos salva y nos guarda, para que seamos restauradores de otras personas, y es por la gracia de Dios que nuestras vidas son cambiadas. A nadie le gusta recibir en heredad algo “asolado” (devastado, arruinado, arrasado), pero esa es la herencia para que nos convirtamos en restauradores. Jesús vino a morir por la peor gente, por los pecadores, y si Él no hace diferencia, nosotros no tenemos por qué tener preferencias. Somos restauradores para esta tierra. Es fácil convertirse en un “crítico” en lugar de un “restaurador”, cuando se olvida que Dios es quien nos salvó.

Es muy fácil acusar a la gente, juzgarlas cuando no tenemos sus debilidades, juzgar a las prostitutas o a los homosexuales, pero todos hemos sido víctimas del diablo, y de un sistema; entonces, no podemos desviarnos. Dios es amor, y quien está con Dios tiene amor para dar a los demás. Y si Dios nos salvó, también Dios nos va a ayudar a salir de nuestras debilidades.

Mateo 9:35: Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. Entonces dijo a sus discípulos: a la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.

Jesús no ve a las personas como pecadores, sino como cosechas, como potenciales creyentes. Nuestra responsabilidad es la de amar, restaurar y traer a la gente a los pies de Jesús. Todo aquel que critica a otro en su debilidad es porque no la tiene; nos hemos hecho jueces, “catalogadores” de pecados.

Nadie se puede esconder detrás de un pecado, ningún pecado es más o menos que otro, son iguales. No puedes hacer diferencia entre un chismoso o un homosexual, tanto el chisme como el homosexualismo son iguales, y el que tiene alguna debilidad ya no puede señalar a nadie. Debemos, más bien, en agradecimiento para con Dios, restaurar gente.

“Dios está interesado en sanar nuestras heridas, la pregunta es: ¿Tú quieres que las sane?”

Jesús nos da el ejemplo sobre perdón, Él no albergó nada en contra de nosotros por todo el mal que le hicimos. Debemos perdonar cualquier cosa, Dios nos va a ayudar para que ayudemos a otros. Debemos sacudir nuestros corazones, para que caigan rencores, malos sentimientos y amarguras.

Las personas que condenan, lo hacen, porque se sienten condenadas. En cambio, las personas que están en la Iglesia, por convicción, porque saben que el mundo no tiene nada para ellos, están en la tierra para cumplir un propósito.

Romanos 8:1: “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”

No debemos aceptar condenaciones de nadie, porque al único que Dios puso por juez de vivos y de muertos es Jesús, el único que tiene autoridad sobre nosotros es Jesús; Satanás perdió toda autoridad sobre nosotros.

Lucas 4:17: “Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor.”

Nadie que recibe a Cristo tiene derecho a seguir arruinado, enfermo y en derrota; todo lo contrario, tiene el derecho, y el deber, de ser prosperado, sano y de salir adelante. “¡Nos va a ir bien, Dios va a darnos un gran año, Dios va a darnos la provisión que necesitamos, Dios nos va a bendecir! ¡Nos va a ir bien!

Lucas 10: 25: “Y he aquí un intérprete de la ley se levantó y dijo, para probarle: Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna? El le dijo: ¿Qué está escrito en la ley? ¿Cómo lees? Aquél, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás. Pero él, queriendo justificarse a sí mismo, dijo a Jesús: ¿Y quién es mi prójimo? Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo. Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo. Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia; y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? El dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.”

Lo esencial en la respuesta de Jesús en este pasaje, es que no debemos buscar quién sea nuestro prójimo, sino procurar serlo nosotros respecto a los demás, estando prestos a ayudar. Nosotros nos hacemos “prójimo” de las personas cuando las ayudamos y esas personas nos deben amar como a ellos mismos, porque nosotros nos convertimos en su prójimo. Si alguien nos ayuda, es nuestro prójimo, y si nosotros ayudamos a alguien, somos su prójimo, y de esa manera estamos, para ayudarnos los unos a los otros y amarnos los unos a los otros. Jesús lo enseñó así, para que aprendiéramos a relacionarnos. Debemos prepararnos para una eternidad con El Cordero Santo, perdonando; no guardando rencor en nuestros corazones, ayudando a quienes nos necesiten, dispuestos a restaurar las asoladas heredades que Dios nos da. Aun nuestro país será restaurado.

jueves, 14 de julio de 2011

¡Tal es la grandeza humana! Rvdo. Francisco Aular

Antes de que lean el articulo que publico nuestro hermano y pastor Francisco Aular en sus "PERLAS DEL ALMA", debo testificar que lo conoci hace ya mas de cuarenta años, fue mi primer Pastor y el que me bautizo; que grande es poder decir: ¡GRACIAS SEÑOR POR TODAS TUS MARAVILLAS Y POR HABERME PERMITIDO LLEGAR HASTA AQUI!

Presten atención, ustedes que dicen: «Hoy o mañana iremos a tal o cual ciudad y nos quedaremos un año. Haremos negocios allí y ganaremos dinero». ¿Cómo saben qué será de su vida el día de mañana? La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma. Lo que deberían decir es: «Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello». Santiago 4:13-15 (NTV)

Napoleón I condujo a su “gran ejército” hasta la lejana Rusia; cuando se hallaba en vísperas de la batalla de Borodinó -que ocurrió el 7 de septiembre de 1812, y la cual enfrentó a los ejércitos de Francia y Rusia, dejando aproximadamente 125.000 muertos en el campo de batalla-, se cuenta que algunos de los viejos soldados fueron presa de malos presentimientos. El emperador francés, aunque estaba enfermo de fiebres, no quería obtener una victoria pírrica, así que con la intensión de de darle ánimo a sus soldados, la noche anterior a la batalla, Napoleón les mostró un retrato de su pequeño hijo que llevaba el título de “rey de Roma”, recién llegado de París, como prueba de que su soberanía estaba firmemente establecida y que la guerra tendría un final feliz. ¡Napoleón se creía invencible y con él, su familia! Pero la historia dice que aquel retrato, junto con la casi totalidad de las tropas napoleónicas, se perdió en los campos nevados de Rusia, el “rey de Roma” murió joven, y Napoleón terminó sus días exilado en la solitaria isla de Santa Elena. ¡Tal es la grandeza humana!

Como lo dice la Biblia, el poder y la gloria de todos los llamados grandes hombres es tan breve como sus vidas: “La vida de ustedes es como la neblina del amanecer: aparece un rato y luego se esfuma” (Santiago 4:14 NTV). Sí, ciertamente, la vida es como la flor del campo, tal y como lo dijo el profeta: “Una voz dijo: « ¡Grita!». Y yo pregunté: « ¿Qué debo gritar?». «Grita que los seres humanos son como la hierba. Su belleza se desvanece tan rápido como las flores en un campo. La hierba se seca y las flores se marchitan bajo el aliento del SEÑOR. Y así sucede también con los seres humanos” (Isaías 40:6,7 NTV). ¡Tal es la grandeza humana!

Obnubilados por el poder y la gloria, algunos dedican la única vida humana que poseen para crear en esta tierra un legado, quieren ser recordados después de muertos, pero en realidad, ¿de qué vale la fama y la gloria después que nos vayamos? Ningún homenaje nos regresará. Un muerto, lo único que necesita es vida, y JESÚS dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá aun después de haber muerto” (Juan 11:25 NVT). De hecho, cuando con humildad estemos convencidos de nuestra propia finitud, sabremos que no vinimos a esta tierra para ser recordados al salir, ni siquiera para dejar un buen legado, estamos aquí con el propósito de conocer a nuestro Señor y Salvador JESÚS, proclamar su Mensaje de Salvación y prepararnos en Él para la eternidad futura. Sin duda, siempre existirán seres humanos excepcionales; y se espera que todo cristiano nacido de nuevo dejará huella al salir de aquí, porque Dios le dará fuerzas para servir con propósito eterno a la gente de su generación, y en el nombre de JESÚS; tal vez se dirá de esa persona, como lo dice la Palabra del rey David: “Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres…” (Hechos 13:36 RV60).

Oración:

Señor mío, Dios de amor, de poder y gracia ¡Qué glorioso es andar contigo porque mi vivir y mi morir eres Tú! ¿Cómo podría yo vivir sin proclamar la Buena Nueva de tu amor, perdón y gracia? ¿Cómo pudiera yo vivir sin servir y sin perder el tiempo en lo que no me llevaré para no descuidar lo que se va conmigo? Ayúdame a mostrar ¡tu grandeza! en mi vida ordinaria. En el nombre de JESÚS, amén.

Perla de hoy:

Si nos preocupamos por cumplir con nuestra Misión Histórica a la luz de nuestro Destino Eterno, la grandeza de todo lo que hagamos es de Dios y no nuestra.

Interacción:

¿Qué te dice Dios hoy por medio de su Palabra?

Y en respuesta a ello…

¿Qué le dices tú a Él?