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viernes, 23 de noviembre de 2012

¡Haz lo mismo con otros! Rev. Francisco Aular

Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo. Lucas 10:37 Caía la tarde en la recién inaugurada autopista 407 de la ciudad de Toronto, en la cual vivo. Estábamos a comienzos de noviembre, y el frío que se sentía anunciaba que el invierno estaba cercano. Venía de dar una conferencia en el oeste de la ciudad, cuando de repente, sentí en el volante que debía detenerme; aminoré la velocidad y me detuve en el hombrillo. Era la llanta derecha delantera desinflada. Busqué en la maleta del auto y lamenté el que alguien hubiera tomado las herramientas de allí. Recuerdo que oré así: “¡Bueno SEÑOR estoy en un aprieto!, no tengo celular y el único número telefónico del cual dispongo es Jeremías 33:3: Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Así que dependo de Ti”. Los autos pasaban a gran velocidad, y al pasar cerca de mí, levantaban una brisa tan fría, que atravesaba mi vestimenta y daba sobre mi piel. En menos de diez minutos se detuvieron tres autos para ayudarme, pero sus herramientas no servían. Lentamente, un camión enorme de transporte, haciendo un tremendo ruido se detuvo a unos cuantos metros delante de mí; el conductor se bajó, vino hacia mí, me dio las buenas tardes, y sin mediar más palabras, sacó sus herramientas, se encorvó, y en cuestión de minutos cambió la llanta; no fue necesario que yo le dijera nada, quise ayudarlo, pero él me dijo: "No, usted está muy bien vestido. No se ensucie las manos". Terminó su trabajo, pero él vio la disposición que yo tenía de recompensarlo con algo de dinero, y me dijo en un inglés impecable: "No. Yo no cobro por algo así. En Canadá tenemos un lema en estas cuestiones, "¡haz lo mismo con otros!"… En momentos como ese, uno descubre que la palabra "ayudar" es más hermosa que la palabra "amar" que tanto predicamos. La verdadera humanidad se muestra ayudando a otros, socorriéndolos, auxiliándolos sin preguntar nada. Como alguien dijo: "La disposición a ayudar es la renta que nos pagamos los unos a los otros por nuestra existencia como seres humanos". Todo el mundo está de acuerdo en que nos amemos los unos a los otros, pero tengo que confesar, que muchas veces, esa frase se queda en el mundo de las ideas y no se expresa en el mundo de la convivencia diaria. Creo, sinceramente, que ayudar es amar, porque la ayuda es el amor sin palabras. Escuché a un predicador sobre el tema decir: "¡Nada es bueno a no ser que se haga!". Por ello, te invito, haz lo mismo con otros. Oración: Padre Nuestro que estás en los cielos: ¡Cuán grade es tu amor y misericordia al poner en todo ser humano la capacidad de ayudar a otros! ¡Haz que en este día yo puede representarte a Ti ayudando a otros como yo he sido tantas veces ayudado! En esta hora pido bendición sobre todos aquellos que me han amado y ayudado. SEÑOR, que yo pueda ser de bendición a otros. Que pueda irradiar tu luz, calentando el corazón de otros con tus consejos. ¡Que no detenga yo la ayuda material a mi prójimo! Que yo pueda ser como Tú eres: amoroso, perdonador y hacedor del bien. En el nombre de JESÚS, amén. Perla de hoy: Se precisa de un momento para ayudar, pero el resultado de esa ayuda dura toda la vida. Interacción: ¿Qué me dice Dios hoy por medio de su Palabra? ¿Existe una promesa a la cual pueda aferrarme? ¿Existe una lección por aprender? ¿Existe una bendición para disfrutar? ¿Existe un mandamiento a obedecer? ¿Existe un pecado a evitar? ¿Existe un nuevo pensamiento para llevarlo conmigo?